"El trabajador tiene una disciplina de objetividad que detiene todos los ensueños de la imaginación. Ya ha visto lo que observa en el microscopio. Podría decirse, de un modo paradójico, que no ve nunca por primera vez. En todo caso, en el reino de la observación científica y en la segura objetividad, la "primera vez" no cuenta.
La observación pertenece entonces al reino de las "varias veces". Psicológicamente en el trabajo científico es preciso digerir primero la sorpresa. Lo que el sabio observa está bien definido en un cuerpo de pensamientos y de experiencias. No es, pues, al nivel de los problemas de la experiencia científica donde tenemos que hacer observaciones cuando estudiamos la imaginación. Olvidando, como hemos dicho ya en nuestra Introducción, todos nuestros hábitos de objetividad científica, debemos buscar las imágenes de la primera vez"
Gastón Bachelard (1884- 1962), filósofo y poeta francés, fragmento de "Poética del espacio" (p. 192)
"Lo grande sale de lo pequeño, no por la ley lógica de una dialéctica de los contrarios, sino gracias a la liberación de todas las obligaciones de las dimensiones, liberación que es la característica misma de la actividad de la imaginación [...] La lupa condiciona, en esta experiencia, una entrada en el mundo. El hombre de la lupa no es aquí el anciano que quiere con unos ojos cansados de ver, leer todavía el periódico. El hombre de la lupa toma el mundo como una novedad. Si nos confiara sus descubrimientos vividos, nos daría documentos de fenomenología pura, donde el descubrimiento del mundo, o la entrada en el mundo, sería más que una palabra gastada, más que una palabra empanada por su uso filosófico tan frecuente [...] El hombre de la lupa suprime-muy simplemente-el mundo familiar. Es una mirada fresca ante un objeto nuevo. La lupa del botánico es la infancia vuelta a encontrar. Presta de nuevo al botánico la mirada amplificadora del niño. Con ella, vuelve al jardín, en el jardín. Así lo minúsculo, puesta estrecha, si las hay, abre el mundo. El detalle de una cosa puede ser el signo de un mundo nuevo, de un mundo, que como todos los mundos, contiene los atributos de la grandeza.
La miniatura es uno de los albergues de la grandeza"
Gastón Bachelard (1884- 1962), filósofo y poeta francés, fragmento de "Poética del espacio" (p. 191)
"[...] en el famoso escrito que Plinio dirige a su esposa para llorar su ausencia, lo que aparece no es simplemente, como en tantas otras cartas, el hombre que toma a su esposa admirativa y dócil por testigo de sus trabajos literarios y de sus éxitos de tribuna: es un hombre que tiene hacia su mujer un apego intenso y un deseo físico tan vivo que no puede evitar buscarla noche y día aunque ya no esté:
No podrías creer cuánto te hecho de menos; la razón es mi amor, en primer lugar, y, luego, el hecho de que no tenemos la costumbre de estar separados. Por eso una gran parte de mis noches me la paso despierto representándome tu imagen; por eso, en pleno día, a la hora en que acostumbraba a ir a verte, mis pies me llevan por sí mismos a tu habitación; por eso, finalmente, triste y afligido como si me hubieran cerrado la puerta, regreso a tu cuarto vacío. Hay un solo momento en el que escapo de esta tortura: es el paso en el foro, absorto en el proceso de mis amigos. Represéntate pues lo que es mi vida, cuando tengo que buscar reposo en el trabajo y consuelo en los sinsabores y las preocupaciones.
Las fórmulas que aparecen en esta carta merecen ser retenidas. La especificidad de una relación conyugal personal, intensa y afectiva, independiente tanto del estatuto y de la autoridad maritales como de las responsabilidades de la casa, aparece claramente en ella: el amor se distingue con cuidado del hábito de compartir la existencia, incluso cuando ambos contribuyan de manera legítima a hacer preciosa la presencia de la esposa y dolorosa su ausencia. Por otra parte, Plinio expone varios de los signos tradicionales reconocidos en la pasión amorosa: las imágenes que obsesionan las noches, los movimientos involuntarios de idas y vueltas, la búsqueda del objeto perdido, pero esos modos de proceder que pertenecen al cuadro clásico y negativo de la pasión son presentados aquí de manera positiva, o más bien, el sufrimiento del esposo, el movimiento apasionado por el que se ve arrastrado, el hecho de que esté dominado por su deseo y su pena se plantean como pruebas positivas del afecto conyugal. Finalmente, entre vida matrimonial y actividad pública, Plinio establece no un principio común que unifique el gobierno de la casa y la autoridad sobre los demás, sino un juego complejo de sustitución y de compensación: a falta de encontrar en su casa la dicha que le proporcionaba su mujer, se sume en los asuntos públicos. ¡Cuán viva ha de ser su herida para que encuentre en los sinsabores de la vida en el exterior los consuelos de sus penas privadas!"
Michel Foucault (1926-1984) filósofo francés, un fragmento de Historia de la Sexualidad (La inquietud de sí, p.p.89 a 91)