"Nada sugiere, como el silencio, el sentimiento de los espacios ilimitados. Yo entraba en esos espacios. Los ruidos colorean la extensión y le dan una especie de cuerpo sonoro. Su ausencia la deja toda pura y es la sensación de lo vasto, de lo profundo, de lo ilimitado, que se apodera de nosotros en el silencio. Me invadió y fui, durante unos minutos, confundido con esta grandeza de la paz nocturna"
Henri Bosco (1888-1976), escritor francés,
un fragmento de la obra Malicroix (p. 105)
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jueves, 22 de mayo de 2014
miércoles, 21 de mayo de 2014
LA CASA DE MALICROIX
"La casa luchaba bravamente. Primero se quejó; los peores vendavales la atacaron por todas partes a la vez, con un odio bien claro y tales rugidos de rabia que, por momentos, el miedo me daba escalofríos. Pero ella se mantuvo. Desde el comienzo de la tempestad unos vientos gruñones la tomaron con el tejado. Trataron de arrancarlo, de deslomarlo, de hacerlo pedazos, de aspirarlo, pero abombó la espalda y se adhirió a la vieja armazón. Entonces llegaron otros vientos y precipitándose a ras del suelo embistieron las paredes. Todo se conmovió bajo el impetuoso choque, pero la casa flexible, doblegándose, resistió a la bestia. Estaba indudablemente adherida a la tierra de la isla por raíces inquebrantables que daban a sus delgadas paredes de caña enlucida y tablas una fuerza sobrenatural. Por mucho que insultaran las puertas y las contraventanas, que se pronunciaran terribles amenazas, trompeteando en la chimenea, el ser ya humano, donde yo refugiaba mi cuerpo, no cedió ni un ápice a la tempestad.
La casa se estrechó contra mí como una loba, y por momentos sentía su aroma descender maternalmente hasta mi corazón. Aquella noche fue verdaderamente mi madre.
Sólo la tuve a ella para resguardarme y sostenerme. Estábamos solos"
Henri Bosco (1888-1976), escritor francés,
un fragmento de la obra Malicroix (p. 105)
La casa se estrechó contra mí como una loba, y por momentos sentía su aroma descender maternalmente hasta mi corazón. Aquella noche fue verdaderamente mi madre.
Sólo la tuve a ella para resguardarme y sostenerme. Estábamos solos"
Henri Bosco (1888-1976), escritor francés,
un fragmento de la obra Malicroix (p. 105)
martes, 20 de mayo de 2014
LA EMBRIAGADORA POSESIÓN
"El poeta jamás ha querido tomar una decisión y cuando lo ha hecho ha sido, para dejar de ser poeta. Este momento de la decisión, central en la ética, ahuyenta la poesía. El poeta es, sí, inmoral. Justo es que vague por arrabales de la ciudad de la razón, del ser y de la decisión. Mas porque el poeta no puede vivir bajo la cúpula de la justicia, no hemos de creer que no tenga su justificación , porque de ser así no sería un hombre. Tiene su justificación, porque tiene su fidelidad.
Por fidelidad a lo que ya tiene el poeta, desde el comienzo no puede lanzarse hacia el invisible ser. Lo que él tiene, no ha precisado salir a buscarlo, no se ha fatigado en su cacería, sino que se sintió cargado de algo que le angustia y le colma, al par. Posesión infinitamente azarante, como si excediera de las fuerzas humanas. Su vivir no comienza por una búsqueda, sino por una embriagadora posesión.
El poeta tiene lo que no ha buscado y más que poseer, se siente poseído.
Por eso el poeta no parece un hombre, o si él es un hombre, entonces es el filósofo el que parece inhumano. El filósofo define la vida humana por su manquedad, por su insuficiencia y de ella parte para encontrar, para encontrar por sí mismo, el camino que le lleve a completarse.
La Filosofía es incompatible con el hecho de recibir nada por donación, por gracia. Es el hombre el que saliendo de su extrañeza admirativa, de la angustia o del naufragio, encuentra por sí el ser y su ser. En suma, se salva a sí mismo con su decisión.
Y el poeta es fiel a lo que ya tiene. No se encuentra en déficit como el filósofo, sino, en exceso, cargado, con una carga, es cierto, que no comprende. Por eso, la tiene que expresar, por eso tiene que hablar "sin saber lo que dice", según le reprochan. Y su gloria está en no saberlo, porque, con ello, se revela que es myy superior a un entendimiento humano la palabra que de su boca sale; con ello nos muestra que es más que humano, lo que en su cuerpo habita"
María Zambrano (1904-1991) en Filosofía y Poesía (p.p. 41)
Por fidelidad a lo que ya tiene el poeta, desde el comienzo no puede lanzarse hacia el invisible ser. Lo que él tiene, no ha precisado salir a buscarlo, no se ha fatigado en su cacería, sino que se sintió cargado de algo que le angustia y le colma, al par. Posesión infinitamente azarante, como si excediera de las fuerzas humanas. Su vivir no comienza por una búsqueda, sino por una embriagadora posesión.
El poeta tiene lo que no ha buscado y más que poseer, se siente poseído.
Por eso el poeta no parece un hombre, o si él es un hombre, entonces es el filósofo el que parece inhumano. El filósofo define la vida humana por su manquedad, por su insuficiencia y de ella parte para encontrar, para encontrar por sí mismo, el camino que le lleve a completarse.
La Filosofía es incompatible con el hecho de recibir nada por donación, por gracia. Es el hombre el que saliendo de su extrañeza admirativa, de la angustia o del naufragio, encuentra por sí el ser y su ser. En suma, se salva a sí mismo con su decisión.
Y el poeta es fiel a lo que ya tiene. No se encuentra en déficit como el filósofo, sino, en exceso, cargado, con una carga, es cierto, que no comprende. Por eso, la tiene que expresar, por eso tiene que hablar "sin saber lo que dice", según le reprochan. Y su gloria está en no saberlo, porque, con ello, se revela que es myy superior a un entendimiento humano la palabra que de su boca sale; con ello nos muestra que es más que humano, lo que en su cuerpo habita"
María Zambrano (1904-1991) en Filosofía y Poesía (p.p. 41)
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