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sábado, 11 de octubre de 2014

EL NIÑO Y EL RÍO: INVENTÁBAMOS

"Vivíamos así, en la despreocupación y en el olvido.
Era todo tan tranquilo, que algunas veces nos pesaba esa tranquilidad. Entonces inventábamos peligros imaginarios"

Henri Bosco (1888-1976) escritor francés, un fragmento de "El niño y el río" (p. 60)



viernes, 10 de octubre de 2014

EL NIÑO Y EL RÍO: EL VERDADERO FUEGO

"Yo no había conocido el fuego hasta aquel día, el verdadero fuego, el fuego, al aire libre. No había visto sino el pobre fuego domesticado, prisionero en la hornilla, el fuego obediente y casero, al que una humilde cerilla le daba vida, y al que no le son permitidas todas las llamas. Se le mide, se le regula, se le restringe, se le apaga, se le enciende; para decirlo todo, se le envilece. No responde sino a la utilidad. Si no fuera necesario para el calor y el alimento, no se le vería ya más entre los hombres. Pero más allá, al aire libre, en medio de los matorrales y sauzales, nuestro fuego era verdaderamente el fuego de los campamentos primitivos.
No es fácil encender este fuego"

Henri Bosco (1888-1976) escritor francés, un fragmento de "El niño y el río" (p. 48) 




jueves, 9 de octubre de 2014

EL NIÑO Y EL RÍO: PASCAL HABLANDO DE GATZO

"Él callaba para mejor atender a sus tareas últiles. Sus pensamientos se aplicaban solo a necesidades : pescar, encontrar un buen fondeadero, tender una lona al sol, resguardarse, preparar la comida. Cuando él decía una palabra nunca lo hacía por el placer de hablar. Jamás un gesto en vano.
Cada palabra contenía una intención, cada movimiento una utilidad. No dilapidaba su alma. Pero su alma estaba aquí. Yo la sentía a mi lado, toda cerrada en ese cuerpo moreno, y, sin duda, un poco sombría. Inseparable de una vida violenta, ella alentaba dentro aquella sangre negra. Se la adivinaba vengativa y fiel.
Todo en mi naturaleza contrastaba con la suya, salvo el gusto del silencio. Pero si yo me callo es por el placer de estar callado. 
Ese placer no excluye el pensamiento; es, sin embargo, un pensamiento ocioso, que vaga, yerra, mariposea, o flota en ese sopor tan favorable a los vanos ensueños. No reflexiono entonces, sino que me abandono a la visión de esas figuras vagas que me pueblan, y si permanezco silencioso es para facilitar a esas sombras fugitivas el acceso de un alma hechizada por sus apariciones"

Henri Bosco (1888-1976) escritor francés, un fragmento de "El niño y el río" (p. 42 y 43)