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martes, 4 de marzo de 2014

EL JUEGO DE HACER VERSOS

"El juego de hacer versos
—que no es un juego— es algo
parecido en principio
al placer solitario.
Con la primera muda
en los años nostálgicos
de nuestra adolescencia,
a escribir empezamos.
Y son nuestros poemas
del todo imaginarios
—demasiado inexpertos
ni siquiera plagiamos—
porque la Poesía
es un ángel abstracto
y, como todos ellos,
predispuesto a halagarnos.
El arte es otra cosa
distinta. El resultado
de mucha vocación
y un poco de trabajo.
Aprender a pensar
en renglones contados
–y no en los sentimientos
con que nos exaltábamos–,
tratar con el idioma
como si fuera mágico
es un buen ejercicio,
que llega a emborracharnos.
Luego está el instrumento
en su punto afinado:
la mejor poesía
es el Verbo hecho tango.
Y los poemas son
un modo que adoptamos
para que nos entiendan
y que nos entendamos.
Lo que importa explicar
es la vida, los rasgos
de su filantropía,
las noches de sus sábados.
La manera que tiene
sobre todo en verano
de ser un paraíso.
Aunque, de cuando en cuando,
si alguna de esas nubes
que las carga el diablo
uno piensa en la historia
de estos últimos años,
si piensa en esta vida
que nos hace pedazos
de madera podrida,
perdida en un naufragio,
la conciencia le pesa
—por estar intentando
persuadirse en secreto
de que aún es honrado.
El juego de hacer versos,
que no es un juego, es algo
que acaba pareciéndose
al vicio solitario". 
Jaime Gil de Biedma (1929-1990),
poeta barcelonés

lunes, 3 de marzo de 2014

LOS APARECIDOS

"Fue esta mañana misma, 
en mitad de la calle.
Yo esperaba
con los demás, al borde de la señal de cruce,
y de pronto he sentido como un roce ligero,
como casi una súplica en la manga.
Luego,
mientras precipitadamente atravesaba, 
la visión de unos ojos terribles, exhalados
yo no sé desde qué vacío doloroso.
Ocurre que esto sucede
demasiado a menudo.
Y sin embargo,
al menos en algunos de nosotros,
queda una estela de malestar furtivo,
un cierto sentimiento de culpabilidad.
Recuerdo
también, en una hermosa tarde
que regresaba a casa...Una mujer
se desplomó a mi lado replegándose 
sobre sí misma, silenciosamente
y con una increíble lentitud-la tuve
por las axilas, un momento el rostro,
viejo, casi pegado al mío.
Luego, sin comprender aún,
incorporó unos ojos donde nada 
se leía, sino la pura privación
que daba las gracias.
Me volví
penosamente a verla calle abajo. 
No sé cómo explicarlo, es lo mismo que si todo,
lo mismo que si el mundo alrededor estuviese parado
pero continuase en movimiento 
cínicamente, como 
si nada, como si nada fuera verdad.
Cada aparición 
que pasa, cada cuerpo en pena
no anuncia muerte, dice que la muerte estaba 
ya entre nosotros sin saberlo.
Vienen
de allá, del otro lado del fondo sulfuroso
de las sordas
minas del hambre y de la multitud.
Y ni siquiera saben quiénes son:
desenterrados vivos".

Jaime Gil de Biedma (1929-1990),
poeta barcelonés

domingo, 2 de marzo de 2014

IDILIO EN EL CAFÉ

"Ahora me pregunto si es que toda la vida
hemos estado aquí. Pongo, ahora mismo, 
la mano ante los ojos-qué latido
de la sangre en los párpados-y el vello
inmenso se confunde, silencioso,
a la mirada. Pesan las pestañas.
No se bien de qué hablo. ¿Quiénes son, 
rostros vagos nadando como en una agua pálida,
éstos aquí sentados, con nosotros vivientes?
La tarde nos empuja a ciertos bares
o entre cansados hombres en pijama.
Ven. Salgamos fuera,. La noche. Queda espacio
arriba, más arriba, mucho más que la luces
que iluminan a ráfagas tus ojos agrandados. 
Queda también silencio entre nosotros,
silencio
y este beso igual que un largo túnel"

Jaime Gil de Biedma (1929-1990),
poeta barcelonés.