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lunes, 3 de marzo de 2014

LOS APARECIDOS

"Fue esta mañana misma, 
en mitad de la calle.
Yo esperaba
con los demás, al borde de la señal de cruce,
y de pronto he sentido como un roce ligero,
como casi una súplica en la manga.
Luego,
mientras precipitadamente atravesaba, 
la visión de unos ojos terribles, exhalados
yo no sé desde qué vacío doloroso.
Ocurre que esto sucede
demasiado a menudo.
Y sin embargo,
al menos en algunos de nosotros,
queda una estela de malestar furtivo,
un cierto sentimiento de culpabilidad.
Recuerdo
también, en una hermosa tarde
que regresaba a casa...Una mujer
se desplomó a mi lado replegándose 
sobre sí misma, silenciosamente
y con una increíble lentitud-la tuve
por las axilas, un momento el rostro,
viejo, casi pegado al mío.
Luego, sin comprender aún,
incorporó unos ojos donde nada 
se leía, sino la pura privación
que daba las gracias.
Me volví
penosamente a verla calle abajo. 
No sé cómo explicarlo, es lo mismo que si todo,
lo mismo que si el mundo alrededor estuviese parado
pero continuase en movimiento 
cínicamente, como 
si nada, como si nada fuera verdad.
Cada aparición 
que pasa, cada cuerpo en pena
no anuncia muerte, dice que la muerte estaba 
ya entre nosotros sin saberlo.
Vienen
de allá, del otro lado del fondo sulfuroso
de las sordas
minas del hambre y de la multitud.
Y ni siquiera saben quiénes son:
desenterrados vivos".

Jaime Gil de Biedma (1929-1990),
poeta barcelonés