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lunes, 2 de junio de 2014

LA IMAGEN Y LA METÁFORA

"Recibo siempre un sueño choque, un pequeño dolor de lenguaje cuando un gran escitor emplea una palabra en sentido peyorativo. Primeramente las palabras, todas las palabras desempeñan honradamente su oficio  en el lenguaje de la vida cotidiana. Después, las palabras más habituales, las palabras adheridas a las realidades más comunes no pierden por eso sus posibilidades poéticas. ¡qué desdén cuando Bergson habla de los cajones! La palabra llega siempre como una metáfora polémica. Ordena y juzga, juzga siempre del mismo modo. Al filósofo no le gustan los argumentos de cajón. 
El ejemplo nos parece bueno para mostrarnos la diferencia radical entre la imagen y la metáfora. 
Vamos a insistir un poco sobre esta diferencia antes de volver a nuestras encuestas sobre las imágenes de intimidad solidarias de todos los escondites donde el hombre, gran soñador de cerraduras, encierra o disimula sus secretos.
En Bergson, las metáforas son abundantes y en cambio las imágenes escasean. Parece que para él la imaginación fuera toda metafórica. La metáfora viene a dar un cuerpo concreto a una impresión difícil de expresar. La metáfora es relativa a un ser psíquico diferente de ella. La imagen obre de la imaginación absoluta, recibe al contrario su ser de la imaginación. Exagerando luego nuestra comparación entre la  metáfora y la imagen, comprenderemos que la metáfora no es susceptible de un estudio fenomenológico. No vale la pena. No tiene valor fenomenológico. Es todo lo más, una imagen fabricada, sin  raíces profundas verdadera, reales. 
Es una expresión efímera, o que debería serlo, empleada una vez al pasar. Hay que tener cuidado de no pensarla con exceso. Hay que temer que los que la leen la piensan. ¡Qué gran éxito ha tenido entre los bergsonianos la metáfora del cajón!
A la inversa de la metáfora, a una imagen le podemos entregar nuestro ser de lector, es donadora de ser. La imagen, obre pura de la imaginación absoluta, es un fenómeno de ser, uno de los fenómenos específicos del ser parlante.
Como es sabido, la metáfora del  cajón, y algunas otras como la de "el traje hecho", son utilizadas por Bergson para explicar la insuficiencia de una filosofía del concepto. Los conceptos son cajones que sirven para clasificar los conocimientos; los conceptos son trajes hechos que desindividualizan los conocimientos vividos. Cada concepto tiene su cajón en el mueble de las categorías. El concepto  se convierte en pensamiento muerto, puesto que es, por definición, pensamiento clasificado. 
Indiquemos algunos textos que señalan bien el carácter polémico de la metáfora del cajón en la filosofía bergsoniana. 
En 1907 se lee en La evolución creadora: "La memoria, como hemos tratado de demostrar, no es la facultad de clasificar recuerdos en un cajón o inscribirlos en un registro, no hay registro, no hay cajón..."
La razón, ante cualquier objeto nuevo, se pregunta (La evolución creadora): "¿Cuál de esas categorías antiguas es la que conviene al objeto nuevo? ¿En qué cajón pronto a abrirse lo haremos entrar? ¿Con qué trajes ya cortados vamos a vestirlo?" Porque claro está, basta un traje hecho para encerrar en él a un pobre racionalista. En la segunda conferencia en Oxford, el 27 de mayo de 1911 (reproducida en El pensamiento y lo moviente) Bergson demuestra la pobreza de la imagen que desearía que hubiera "aquí y allí, en el cerebro, cofrecillos para recuerdos que conservan fragmentos del pasado".
En la "Introducción a la Metafísica" (El pensamiento y lo moviente), Bergson dice que en cuanto a Kant, la ciencia "no le enseña más que marcos encajados en otros marcos"
La metáfora obsesiona de nuevo el espíritu del filósofo cuando escribe en su ensayo El pensamiento y lo moviente, 1922, ensayo que en muchos aspectos resume su filosofía. Repite que las palabras en la memoria no han sido depositadas "en un cajón cerebral u otro".
Si este fuera el lugar a propósito, podríamos demostrar que en la ciencia contemporánea, la actividad en la invención de los conceptos hecha necesaria por la evolución del pensamiento científico rebasa los conceptos que se determinan mediante simples clasificaciones, "encajándose los unos en los otros" según la expresión del filósofo (El pensamiento y lo moviente). Frente a una filosofía que quiere instruirse sobre la conceptualización en las ciencias contemporáneas, la metáfora de los cajones sigue siendo un instrumento polémico rudimentario. Pero para el problema que nos ocupa actualmente, que consiste en distinguir metáfora e imagen, tenemos aquí un ejemplo de una metáfora que se endurece, que pierde hasta su espontaneidad de imagen. Esto se hace sobre todo sensible en el bergsonismo, tal como lo simplifica la enseñanza. La metáfora polémica que es el cajón en su archivero, vuelve con frecuencia en las exposiciones elementales para denunciar las ideas estereotipadas. Se puede incluso prever, al escuchar ciertas lecciones, que va a surgir la metáfora del cajón. 
Ahora bien, cuando se presiente la metáfora, es que la imaginación está fuera de causa. Dicha metáfora, instrumento polémico rudimentario-y algunas otras que la modifican muy poco, han mecanizado la polémica de los bergsonianos contra los filósofos del conocimiento, en particular contra lo que Bergson llamaba con un epíteto que juzga demasiado pronto, "el racionalismo seco".
Estas rápidas observaciones sólo tienden a demostrar que una metáfora no debería ser más que un accidente de la expresión y que es peligroso convertirla en pensamiento. La metáfora es una falsa imagen, puesto que no tiene la virtud directa de una imagen productora de expresión, formada por un ensueño hablado"

Gastón Bachelard (1884 1962),  filósofo y poeta francés, fragmento de "Poética del espacio" (p. 107-110)