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lunes, 26 de mayo de 2014

LA CASA DE ALIENTO

"William Goyen escribe en La casa de aliento:

Pensar  que  se puede venir al mundo en un lugar que en un principio no sabríamos nombrar siquiera, que se ve por primera vez y que, en este lugar  anónimo, desconocido,  se puede crecer, circular hasta que se conozca su nombre, se pronuncie con  amor, se le llamar hogar, se hundan en él las raíces, se alberguen nuestros amores, hasta el punto que, cada vez que hablamos de él,l lo hagamos como los amantes, encantos nostálgicos, y poemas desbordantes de deseo.

 El terreno donde el azar sembró la planta humana no era nada. Y sobre ese fondo de la nada crecen los valores humanos [...] Una irrealidad se filtra en la realidad de los recuerdos que están en la frontera de nuestra historia personal y de una prehistoria indefinida en el punto precisamente en que la casa natal, después de otros, viene a nacer en nosotros. Porque  antes de nosotros-Goyen nos lo hace comprender-era bien anónima. Era un lugar perdido en el mundo.
[...] William Goyen conoce esta irrealidad de lo real:

Era así, porque a menudo cuando volvías, solo, siguiendo la senda en un velo de lluvia, la casa parecía elevarse sobre la más diáfana de las gasas, una gasa tejida con un aliento emitido por ti. Y pensabas entonces que la casa nacida del trabajo de los carpinteros no existía tal vez, que quizá no había existido nunca, que no era más que una imaginación creada por tu aliento y que tú la habías emitido, podías con un aliento semejante reducirla a nada. 

[...] Pero si la casa es un valor vivo, es preciso que integre una irrealidad. Es necesario que todos los valores tiemblen. Un valor que no tiembla es un valor muerto.
Cuando dos imágenes singulares, obra de dos poetas que sueñan por separado, llegan a encontrarse, parece que se refuerzan mutuamente. Esta convergencia de dos imágenes excepcionales representa, en cierto modo, una comprobación para la encuesta fenomenológica. La imagen pierde su carácter gratuito. El libre juego de la imaginación ya no es una anarquía [...] Para quien sabe escuchar la casa del pasado no es acaso una geometría de ecos? [...] En el orden de los recuerdos difíciles, mucho más allá de las geometrías del dibujo, hay que encontrar de nuevo la tonalidad de la luz, y después llegan los suaves aromas que quedan en las habitaciones vacías, poniendo un sello aéreo en cada una de las instancias de la casa del recuerdo"

Gastón Bachelard (1884 1962),  filósofo y poeta francés, fragmento de "Poética del espacio" (p. 90-93)